G de Gabriela (blablabla)

No sé bien por dónde comenzar pero creo que esto valdría una presentación. Una forma podría ser contando quién soy, pero si hay algo que no me gusta es declararme Fulanita de tal, tengo tantos años, mi libro y película favoritos son tales y quiero ser tal cosa para toda la vida. No. Pero créanme que me encantaría poder hacerlo. Bueno, miento, puedo decir que me llamo Gabriela -Gaby, por favor!- y que tengo unos 23 años medidos de forma usual, pero desde siempre me dan mucho menos o me dan varios más. Soy Peque para una amiga y peque para casi todo el mundo aunque no me lo digan. Mi hermano quiso que me bautizaran Petri antes de nacer y luego se encargó él de llamarme Ojos de tortuga. No me identifico con las tortugas pero es verdad que tengo ojos grandes y sobre todo que soy lenta. Tengo el movimiento pausado y tranquilidad constante. No creo en apurarse porque sí. Pero donde más se refleja mi lentitud es en mis miedos. Deshacerme de ellos me cuesta horrores (tengo muchos, muchos o tal vez es uno solo que se esparce por todos lados). Algunos puedo decir que los venzo, a veces incluso son los más imposibles. Nada me cuesta más que lo sencillo. Y uno de esos miedos se ve representado aquí, en este blog. No es el primero que tengo pero los que tuve fueron ocultos, como una suerte de desahogo lanzado al espacio virtual para que lo leyeran personas extrañas y desconocidas que no tuvieran nada que ver conmigo (las estadísticas incluían países lejanos y la pregunta de cómo pasó). Una sucesión de cambios se vinieron dando desde hace dos años para que yo decidiera, de una vez por todas, abrir uno y ofrecerlo a quien quisiera leerlo. Estos hechos en forma de cambio en forma de bellas personas me hicieron darme cuenta de que esto también es una ofrenda, de que sería egoísta no compartir lo que pienso. Pero, fíjense, esto comenzó en el 2015 y amagué varias veces. Sin embargo, recién hoy (2016) estoy escribiendo estas palabras, con nervios, con miedo, sí señor, porque me daría miedo hasta escribir una r en el espacio en blanco y que la leyeran. Y lo admito, porque los años me enseñaron que la mejor forma de vencer a esas angustias trepadoras es blanquearlas, abrazarlas y consumirlas.
El trabajo sigue en proceso y mientras tanto les cuento, si se quedaron en la duda, que Uitwaaien es una palabra de varios significados, holandesa, que en realidad se pronuncia Aitvaien. Su significado más literal es “caminar en el viento” y el más figurativo “tomar un breve descanso en el campo para despejar la cabeza” (suena a mucho para tan corta palabra). Las palabras son algo así para mí, las palabras y las fotos y las cosas que me alivian. Cuando siento el viento en la cara, mi espíritu se reanima. Algo me dice que las cosas van a mejorar en algún momento y aunque no sea así, sé que existe ese viento y ese pensamiento ya me hace feliz. Cuando escribo, suelto, cuando escribo, me entiendo mejor, es como si largara las palabras al espacio y ellas me soplaran en la cara. Así se van, en paz y me dejan tranquila también a mí, que no las tengo más retenidas en el pecho y la garganta. Por eso Uitwaaien, así de rara y extranjera, se convirtió en mi palabra de cabecera.
Entonces, para presentarme, les di mi nombre, mis miedos y mi soplo de viento. Eso es lo único constante, quizás. El resto, todito va mutando.

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