Agua del Paraíso

O lo que El Bolsón me dejó.

29/01:

Escribo desde un cerro, de espaldas al pueblo pero de frente al Piltriquitrón. Un perro aparece y me lame la oreja. Siento que vuelvo a tener intimidad con los paisajes.
Simulo ser feriante y observo los cientos de pies que se suceden. Cómo se arrastran, titubean, y se coordinan con otro par. Es muy placentero ser ojo en libertad. Veo en los rostros de la gente cuando está decidida a comprar o cuando no, sus movimientos, lo mucho que la opinión del otro les afecta, y pienso en que ojalá todos fuéramos más despreocupados del qué dirán.

(…)

1/02:

Las cosas se vienen sucediendo muy rápido. Hace poco, el calor árido de Neuquén capital, y ahora, mis pies crujen del dolor, descalzos y apurados por el bosque.
Mi mente está sumergida en el envión de crear y crear, luego de dos meses de abstinencia. Sin explicaciones ni excusas, sólo respondiendo al movimiento del cuerpo, sólo fluyendo. Estoy buscando mi libro de agua, que de pronto es nube, de pronto es río. Escucho a Anita leerme lo que escribió y descubro lo visible de mi estado.
Hoy logré parar un poco. Descubrí el agua verdosa del paraíso y mi cuerpo vibró como hace rato no vibraba. Nadé y me dejé llevar, estando, siendo. Feliz de que la corriente me arrastrara a su gusto.
La belleza de los saltos se plantó en mi cara y le hice todas las preguntas. Fueron más importantes que cualquier respuesta. Pensé en la roca como en el templo del dios del río. Me tapé los oídos de a poco y dejé que la corriente se deslizara dentro de mi sangre. Al fin podía oírla en mi interior.

2/02:

Con Ana nos inventamos una película, un mundo donde las mujeres se unen con los árboles y atiborran sus bocas con maqui y murras silvestres para que luego se les fragmente la lengua.
Comienza nuestro caminar de este mundo y la enseñanza de Don Juan es acertada: hallamos nuestro lugar sin buscarlo. A un costado del camino aparecen los árboles y las piedras recubiertos de musgo, la luz se filtra por los recovecos y el silencio de pajaritos y correr de agua completa el momento. Puedo imaginar el baile de los kodamas.
Seguimos transitando distintos puntos mágicos: el Bosque de las Sombras, la Pasarela del Terror, el Camino del Precipicio y el Arroyo de las Lágrimas. Mientras tanto reflexionamos en conjunto y descubrimos lo opuesto.
Me cuesta lo efímero. Camino por el bosque, escucho los ruidos infinitos, veo como el sol se enfurece sobre la capelina roja y lo altos que son los árboles, pero la hermosura no termina de entrar. Se opaca por la noción de que todo esto va a terminarse demasiado pronto. Quizás por eso la fotografía y la escritura son para mí. Quiero tomar lo que me conmueve, comunicarlo, compartirlo y que se quede por siempre conmigo. La odisea del aprender a estar.
Es mi primer vivac. La llovizna se lleva mi sueño, pero las estrellas brillan para mí unos minutos y con eso se compensa. Encuentro cierto placer en las privaciones. Tengo sueño, tengo hambre (dilato el desayuno disfrutando el rugido de mis entrañas), tengo cansancio de diez kilómetros y quizás decida añadirle más. Me asomo a lavar al arroyo, los platos y las heridas. Me siento un animal extraño, encapuchado, con la mirada perdida en la mañana nublada. Me siento otra cosa y me gusta.
Volvemos, y la nube en la montaña, el castillo con sus crujidos de coihue, nos despide de este mundo extraño.

3/02:

Me levanté con un círculo en una mano, una línea en la otra y un tobillo que simulaba pudrirse. Son marcas efímeras y en esto sí me hallo cómoda.
La melancolía dulce y pegajosa de Beirut inunda el ambiente y me quiere llevar lejos, pero soy yo la que decidiré mis propios pasos.
Me despido de la ciudadela piltriquitreña, ensombrecida por primera vez en la semana. Queda tanto por recorrer.
El olor a chocolate me embriaga pero no forma parte en absoluto de la experiencia. Los libros me rozan pero no me atrapan. Una comida hecha con amor queda en el estómago.
Giro un rato en la hamaca y me doy cuenta de que así como la ciudad se llena de smog, también te deja un aura densa, difícil de ocultar.

4/02:

Primero, la fonoaudióloga.
Luego, el callo en el lugar indicado del pie.
Más adelante, un saxofón que me enseñó a respirar luego de cada canción.
Ahora, me llevo los pulmones del bosque a la ciudad.
¿Abriré mi pecho de una vez por todas?

5/02:

Hoy las cosas me saben distinto. El aire se enrarece, los sabores se apagan, mi cabello se pone de punta.
Lo llamé día de duelo, pero no es tristeza lo que me embarga. Tengo una sensación, una certeza, de que debo soltar amarras.
Pensaba que lo sabía, pero ahora es intenso de verdad. Sé que no pertenezco a este lugar, al menos de momento, y no me avergüenza. Me hace sentir más libre.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s