¿Por qué viajamos?

Demasiadas respuestas a esa pregunta. Quizás sean todas lo mismo, no sé, es lo placentero de la subjetividad. Nadie viaja por las mismas razones. He aquí las mías:

¿Por qué viajo?
Viajo porque en el vientre materno sentí la ausencia de alguien que viajaba.
Más tarde la familia fue familia solo en viaje y mis manos se llenaron de fotos que mostré una y otra vez a cualquiera que mostrara el mínimo interés.
Alguna vez (más de una) me sentí sola e incomprendida y pensé que era el lugar y que tenía que alejarme.
Leí tanto que me perdí muchas cosas pero aprendí tantas otras y me sumergí en mundos.
Otra vez me enamoré de la música y ella me llevó por caminos infinitos, los que pueden sonar parecido pero siempre terminan en distintos lugares.
Japón me fascinó, Nueva Zelanda me quiso llevar, Latinoamérica me llama con su viento y yo no dejo de escuchar. Entonces viajo, aunque sea aquí cerca, aunque sean unas cuadras o la provincia de al lado.
Viajo porque una vez encontré la playa nocturna y vacía, los pasos más adultos que corrían por la arena sin censura; y otra vez me encontré subiendo una montaña muy rápido sobre un auto muy viejo, apretujada, con los nervios en la garganta, los nervios que sabían que iba a volar; volé y luego vinieron los viajes que no me gustaron, los viajes en los que degusté gente y a mí con ellos y descubrí que así no era.
Viajo porque me encanta ser cronológica y no puedo evitar contar del principio al fin, buscar en el medio, no llegar nunca (“amar la trama más que el desenlace”).
Viajo porque sueño, sueño demasiado y demasiado loco, entonces extraño la locura y la aventura de mi inconsciente, la busco allá afuera.
Viajo porque fue mi primer acto de independencia. Donde me encontré a mí misma y a la libertad de ser invisible, dura y vacía y vuelta a llenar. Dinámica. Busco el dinamismo, eso es lo que me atrae, porque para quieta ya estoy yo.
Viajo, para qué viajo. Para irme, volver, ser y no ser, ahogarme, desahogarme y desatar los nudos. Para ser todos y no una, ser árbol que observa y también persona. Esa persona que tanto busco y que al final, sé que está en mí y en todo el resto. Obedecer un poco al nomadismo, ser humana y animal al mismo tiempo. Pero también agua y volcán y brisa y sol entre los árboles.
Viajo porque quiero abrazar al mundo y que él me abrace también.

¿Y ustedes?

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